El equipo de gobierno propondrá al pleno conceder la Medalla de Oro de Chiclana a Pedro Salado

jueves, 18 de octubre de 2012 09:58
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El equipo de gobierno del Ayuntamiento de Chiclana de la Frontera elevará a la próxima sesión plenaria de carácter ordinario correspondiente al mes de octubre, a celebrarse el próximo jueves, 25 de dicho mes, conceder la Medalla de Oro de

la ciudad al misionero Pedro Manuel Salado Alba a título póstumo.

El concejal elegido como Juez Instructor del expediente administrativo de dicha concesión, Nicolás Aragón, ha resaltado que “se trata de un chiclanero que, hasta el último momento de su vida, ha reflejado de manera cristalina uno de los auténticos valores que derrocha toda la sociedad local, la solidaridad. Una entrega y lucha por los demás que le llevó a poner en riesgo su vida para salvar de unas fuertes corrientes marinas a siete niños, logrando dicho objetivo y pereciendo en su acción”.

Cabe recordar que el inicio del expediente administrativo ya fue aprobado por la corporación municipal en la sesión plenaria del pasado 23 de febrero, siendo publicado en el Boletín Oficial de la Provincia (BOP) el 27 de marzo.

Vida de Pedro Salado

Pedro Manuel Salado de Alba nació en Chiclana de la Frontera el 1 de enero de 1968, concretamente en la calle Francisco Ignacio. Fue el tercero de seis hermanos en el seno de una familia humilde, recordada por la sociedad chiclanera como fraternal, sencilla, honrada y entregada a los demás. Estudió en el Colegio “El Castillo” y realizó sus estudios de Bachillerato en el IES Poeta García Gutiérrez.

Varias experiencias espirituales van marcando el camino religioso de Salado, quien en 1987 conoce en mayor profundidad la actividad del Hogar de Nazaret. Se trasladó a Córdoba, donde en 1988 comenzó el noviciado y participó de manera muy activa en el proyecto de desarrollo de la región de Quinindé (Ecuador) fomentado por la ONG “Manos Unidas”.

Pedro Manuel Salado de Alba emitió los primeros votos el 15 de agosto de 1990 en Córdoba, donde trabajó de forma abnegada y silenciosa. Durante nueve años acogió y educó a varios grupos de niños.

En 1999 traspasó el Atlántico, siendo destinado a Ecuador, concretamente a Quinindé, donde varios años antes había participado en el proyecto que entonces se desarrollaba. En Ecuador continuó formándose y se licenció en Magisterio y Ciencias Humanas. Al morir, también estaba estudiando Filología Inglesa.

El 5 de febrero de 2012, Salado, de 43 años, se encontraba en la playa de Atacames con un grupo de niños del Hogar de Nazaret cuando varios de ellos se adentraron en el Pacífico y fueron arrastrados por el mar. Salado se lanzó al agua y fue llevado a la orilla a todos los niños.

Tras hacer lo mismo con los dos últimos (Selena y Alberto), falleció en la orilla, exhausto y fruto del esfuerzo realizado.

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